CUENTO JAPONÉS


Hace mucho tiempo, un joven, cuya madre había caído enferma, se vio en la necesidad de conseguir una gran suma de dinero para poder cuidarla y no tuvo otro remedio que pedírselo prestado al señor más rico del pueblo.
Sin embargo, por más que el joven trabajaba, le era imposible reunir la cantidad de dinero necesaria para poder devolver el préstamo, y además, dado que el estado de salud de su madre empeoró, el joven tuvo que pedir aún más dinero al rico señor, el cual le dijo: "¿Qué estás diciendo? Ya te presté dinero antes y no me lo has devuelto. He esperado demasiado tiempo a que me devolvieras mi dinero y ahora me pides más. ¡No vuelvas por aquí hasta que no saldes tu deuda!"
El joven, que quería curar a su madre como fuera, al no haber logrado que el rico señor le prestara más dinero, no se atrevió a volver a casa y pasó largo rato vagando por el bosque. Entonces, de repente, apareció un misterioso anciano en mitad del camino.
"Buenos días", saludó el anciano al pobre joven.
Éste, sobresaltado, le respondió:"Oh, discúlpeme. No le había visto." Y continuó caminando. El anciano le dijo sonriendo:"¿Te importa que camine contigo? Hay algo que quiero contarte que seguro que te interesará mucho". Y comenzó a andar junto a él. Al cabo de un tiempo, cuando se disponía a despedirse, el anciano le dijo al joven: "Estás pasando por momentos difíciles, ¿verdad? Toma estas sandalias de madera , cálzatelas y tropieza con ellas, ya verás lo que sucede."
El joven se calzó las sandalias y tropezó con ellas, y ante su sorpresa, al instante comenzó a brotar de la nada un montón de dinero. "Puedes repetir esto varias veces, pero, si tropiezas demasiado, empezarás a encoger. Ten mucho cuidado". El joven volvió a casa, y, tal como le había dicho el anciano, se calzó las sandalias y tropezó, y de nuevo empezó a brotar dinero. Tras repetirlo algunas veces, reunió suficiente dinero para poder curar a su madre y devolver el préstamo. Entonces, recordó las palabras del anciano y dejó de utilizar las sandalias. Cuando el joven fue a devolver su préstamo, el rico señor quiso saber cómo había conseguido tanto dinero, y el joven le contó la historia de las sandalias de madera mágicas que hacían brotar dinero de la nada.
El señor insistió muchísimo en que se las prestara, algo a lo que el joven accedió. Muy contento, el señor se calzó las sandalias y se dirigió a la habitación de al lado. Desde esa habitación empezó a oírse el incesante ruido de los tropiezos del hombre, "pataplam, pataplam", acompañados del sonido de las monedas, "cling, cling".
Pero, al cabo de un tiempo, únicamente se oían las monedas. El joven, intrigado, se asomó para ver qué sucedía. Allí, sentado, en lo alto de una enorme montaña de dinero, estaba el rico señor convertido en un bebé, castigado por la avaricia de haber tropezado tantas veces.

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